Sexo en la cocina

Hace mucho tiempo Caridad nos escribió sobre los lugares preferidos para tener sexo y la cocina resultó ser un espacio destacado. ¿Qué lo hace tan seductor? ¿Será el intermitente ronroneo del frigorífico, la sensual presencia de la fruta o el aroma del café?
Para mi las cocinas han sido buenos lugares para la pasión; en la que hubo durante mi adolescencia me di primeros besos, aunque también lloré amargamente por mal de amores. En la cocina más reciente (suelo mudarme y no me sé quedar en una misma ciudad por mucho tiempo) un día decidí hornear un pastel para superar el frío invernal. Mientras el dulce pastel se inflaba y empezaba a llenar el ambiente de calor y delicioso aroma, frente al luminoso horno él y yo nos dejábamos llevar por el orgasmo.
Sí, las cocinas son buenos lugares, me uno a los británicos que piensan que es de los sitios más cachondos en la casa. Quizá se deba a la sensualidad de los alimentos, como los tomates (leáse esto escuchando la Oda al tomate de Neruda por Jorge Drexler) o la voluptuosa masa para preparar pan tan cerca del fuego y la ferocidad de los cuchillos. Tal vez es porque reconocemos que el sexo y el comer son casi la misma cosa, una experiencia de sabor, textura, temperatura y variedad.
En fin, que no estaría mal regresar el sexo a la cocina, ya saben, sólo por experimentar.
Imagen: Moosey Goodness











