
En el Diccionario de la Academia, la palabra mesalina se define como “mujer poderosa o aristócrata y de costumbres disolutas”. Uno de tantos vocablos españoles que mantienen bajo la mira sexualidad femenina (si ponemos atención, las distinciones de género son muy interesantes).
La palabra se desprende de Mesala, una familia aristocrática de Roma que dio al Imperio varias figuras célebres, como el político Marcus Valerius Mesala Rufus y su hijo, el destacado general Marcus Valerius Mesala Barbado, militar victorioso.
La integrante más famosa de la familia fue Valeria Mesalina, quien tomó su nombre del apellido familiar y a los quince años de edad se casó con el emperador Claudio. Los historiadores Suetonio y Tácito la describieron como una ninfomaníaca que por la noche se escabullía del palacio y se desempeñaba como prostituta en los burdeles de los bajos fondos de Roma, donde se hacía llamar Lysisca.
Según Juvenal, mientras Claudio estaba de viaje por Britania, Mesalina planteó un desafío a las prostitutas de Roma, proponiendo una competencia para averiguar quién era capaz de complacer a más hombres en una sola noche. Después de haber sido poseída por veinticinco hombres, Escila, la prostituta más famosa de la ciudad, se dio por vencida, mientras que Mesalina siguió compitiendo por varias horas más.
En el año 48, cuando Mesalina tenía 23 años, Claudio descubrió que ésta planeaba usurpar el trono de Roma, para lo que se había casado en secreto con el cónsul Cayo Silio. Mesalina, al igual que su esposo ilícito, fue obligada a suicidarse. Al fallar en su intento, fue decapitada.
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