A la caza del punto G

El punto de Gräfenberg (punto G para los cuates), ese gran propiciador de orgasmos vigorosos, casi epilépticos, no es un punto en el sentido literal del término, sino una pequeña zona rugosa, situada a unos cinco centímetros de la entrada de la vagina, detrás del pubis y alrededor de la uretra. Si tú, aplicado lector de NSFW, todavía no has logrado encontrar el punto G de tu chica, te recomiendo que sigas estos tres sencillos consejos:
Pídele que se recueste y se ponga lo más cómoda posible (rodearla de almohadas o cojines es una opción por demás acogedora). Coloca una almohada debajo de sus caderas para que su entrada vaginal quede más elevada que el resto de su cuerpo.
Muy lentamente, inserta dos dedos (con las palmas de la mano hacia arriba) en su vagina y explora despacio la parte frontal de su pared vaginal. Lo que estás buscando es un área ligeramente rugosa, cuya textura es distinta al resto de la superficie que irás percibiendo. Pon atención a las reacciones de tu chica y ten cuidado de no causarle dolor. Es probable que, mientras te vayas acercando al punto G, ella mueva su pelvis para guiarte en tu concienzuda búsqueda.
Coloca la palma de tu otra mano sobre su abdomen y presiona un poco con ella. Al empujar delicadamente su vientre, encontrar el punto G, que se ubica más o menos en esa zona pero en la parte interior, te será más fácil.
Y, una vez que lo encuentres, prepárate para el alarido, el desmayo, el éxtasis y, si tienes suerte, hasta el squirting.
Ilustración por Paul Avirl (1982), para el libro Les Sonnetts Luxurieux de Pietro Aretino, vía Sexoteric Blog





Hace mucho que fantaseo con la idea. Imagino verme, desnuda al espejo, con un aparatito de estos, usándolo con una linda chica (cosa curiosa, debo admitir, porque no me imagino con un chico de esta manera).
Sí, sí, supongo que una también tiene sus tabúes, ¿no? 


